El atractivo del «hombre asiático»

Una de las preguntas más curiosas que me han hecho a raíz de mi novela-debut, «La carta coreana; la emoción invisible», es si, a mí, me atraen los hombres asiáticos.

Vaya por delante que a mí, quien me atrae, es mi marido, que pese haber nacido en el Mediterráneo tiene un aire del Este, porque quizás, sus antepasados – Los Alemán de Murcia – procedan del mismo linaje de Eslavos que vinieron durante la reconquista del Reino de Murcia, a luchar en la frontera de Granada contra el último reducto del Islam en Hispania, bajo las órdenes de Alfonso X El Sabio.

Aclarado este punto, aclararé también que al referirme en este post al «hombre asiático» me estoy refiriendo al «arquetipo de hombre asiático»: Un arquetipo es un ideal de perfección y por tanto, no responde a la normalidad, porque en la vida real, el hombre asiático puede ser tan corriente ( o tan extraordinario) como cualquier occidental. Esa distinción entre ficción y realidad es importante para no llevarnos a idealizar ninguna cultura a través de sus arquetipos. El fenómeno «fans»,»army»,»fandom» etc… no está exento de riesgos emocionales, aunque de suyo, la vida y la inevitable ley del amor se encargan de hacer superar esa etapa de admiración para enseñarnos a reconocer el amor verdadero sobre el platónico.

Volviendo a la pregunta, a mí me empezó a gustar el cine asiático con las películas de Bruce Lee que veía en el cine de mi barrio los domingos en sesión doble; una del Oeste con indios y vaqueros y otra de Artes marciales. Ya de niña me parecía muy atractivo ese chico de origen chino, tan dulce, que se volvía un arma letal cuando algo le sacaba de sus casillas. Ahora, de adulta, he entendido la filosofía detrás de sus interpretaciones. ¡Entonces sólo me parecía que tenía más paciencia que un santo!

¿Por qué me resultan atractivos los actores de k-dramas?

  • Porque son varoniles y delicados a la vez. Tienen un logrado equilibrio entre un torso musculado y una piel perfecta. Cualquier hombre con rasgos simétricos es guapo, pero si, además, usa un leve maquillaje que camufla sus imperfecciones y arrugas, ha dado forma a sus cejas, lleva el cabello con un corte gracioso y le brillan los labios, es…un póster!
  • Porque son estilosos. Interpretan normalmente a personajes relacionados con la moda, ricos o muy aficionados a las últimas tendencias. Todos sabemos lo que la ropa de marca, confeccionada a medida, con buena caída, puede hacer por enfatizar el impacto de cualquier percha.
  • Porque son la contención personificada. Este es un rasgo cultural que les hace muy diferentes de los galanes latinos y los mediterráneos como españoles, italianos o turcos, que gesticulan y sobreactúan emocionalmente y también les hace diferentes de la frialdad de los actores centroeuropeos y nórdicos que, a veces, parece que ni sienten ni padecen, porque sólo hablan y razonan sus emociones al más puro psicoanálisis freudiano. En el caso de los asiáticos, en cambio, te dejan intuir con sutileza sus sentimientos, a través de miradas e imperceptibles gestos. Vislumbras la intensidad de lo que están sintiendo y callando, lo que sencillamente enamora a la espectadora que empatiza con ese silencio.
  • Porque tienen sentido del humor. En general, sus personajes dominan tanto el registro dramático como el cómico y esa mezcla de géneros habitual en los k-dramas hace que sientas afinidad por un personaje que sabe hacerte reír, porque a las mujeres nos enamora el hombre que nos saca una sonrisa
  • Porque tienen voces graves y guturales. Aunque he observado que en el k-pop hay artistas masculinos con voces extraordinariamente agudas, en general, los intérpretes coreanos tienen voces graves, profundas, con una resonancia que amplifica su masculinidad.
  • Porque son el confucianismo en carne y hueso. Si bien es cierto que hay muchos actores católicos, budistas y también ateos… y las tramas abordan con respeto la existencia de diferentes religiones en las sociedades asiáticas, el arquetipo de personaje interpretado por un actor coreano, guapísimo por fuera, es el de un hombre que quiere ser también y sobre todo, perfecto por dentro. Es un hombre que, moralmente, se exige continuamente ser mejor persona, ser mejor hijo, mejor amigo, mejor padre, mejor novio, en definitiva que busca ser el mejor hombre posible para la persona que ama ¿ y quién no quiere eso?

Así que sí, encuentro atractivos a los actores asiáticos; encuentro guapísimo a Lee Byung-hun (Mr. Sunshine), Hyun Bin (Crash landing on you) y tantos otros, como también me parece guapísimo George Clooney (Urgencias).

Viendo películas con mi madre desde muy pequeña. aprendí que Sidney Poitier (Adivina quién viene a cenar) y Robert Redford (Descalzos en el parque) eran dos actores que se comían la pantalla y que ambos eran muy atractivos. Le agradezco a mi madre que me enseñase a mirar más allá de la raza para descubrir el talento y la belleza en el ser humano.

Las jóvenes y los jóvenes de hoy en día, pueden admirar tanto a Robert Pattison (el vampiro de Crepúsculo) como a Lee Jong Suk (The Hymn of Death) y disfrutar por igual de historias maravillosas que nos vienen de diferentes culturas gracias a la globalización.

Sin embargo, hoy, como ayer, la ficción nos puede hacer creer que lo que vemos en la pantalla es real y no fruto del talento y la imaginación de un guionista o escritor.

Nunca hay que olvidar que el mejor guión de tu vida es el que escribes tú, cada día, fuera de la pantalla, lejos de donde vuelan los sueños de otros y creas los tuyos.

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