Inteligencia emocional y K-dramas; Las dimensiones de la felicidad

Cuando publiqué “La carta coreana”, una novela romántica sobre el descubrimiento de los k-dramas y cómo afectan a nuestras emociones,  añadí el subtítulo  “la emoción invisible” en homenaje al periodista del New York Times y “gurú” de la inteligencia emocional,  Daniel Goleman

Antes de que el concepto de “inteligencia emocional”  se popularizase en los años 90, sólo se hablaba de “inteligencia cognitiva”: Tener éxito era equivalente a tener un alto coeficiente intelectual.   En las escuelas  y también en las empresas,  como herramienta de selección de personal,  se practicaban pruebas psicotécnicas para medir la capacidad de para realizar operaciones lógicas y matemáticas de cada individuo. El mundo se dividía entre personas más o menos aptas para conseguir alcanzar el éxito o no, estableciendo la inteligencia media en 90/100;   de forma que por debajo de 90  estaban las personas  con inteligencia límite o con discapacidad intelectual y por encima de 120 las inteligentes.

Entonces llegó Goleman con un montón de teorías de psiquiatras,  neurólogos y psicólogos que afirmaban que, de nada sirve tener un cerebro brillante para razonar si no somos capaces de leer las emociones propias y ajenas y saber gestionarlas. En definitiva, si falla la capacidad de relacionarnos con los demás,  es imposible alcanzar la felicidad y aún más,  que la inteligencia emocional es responsable del 80% del éxito mientras que el 20% restante corresponde a las enseñanzas que aprendemos en los libros. 

Y si esto es así… ¿Dónde se aprende a entrenar la inteligencia emocional?

Los sistemas educativos no han dado respuesta a este reto y parece que internet tampoco está siendo el mejor vehículo para desarrollar la increíble plasticidad neuronal de nuestro rico mundo emocional,   sino todo lo contrario,  está demostrando  fomentar patologías y adicciones apoyándose en las carencias emocionales de las personas en lugar de llenarlas.

Sin embargo,   y me voy a permitir una licencia enorme,  me atrevería a decir que si Daniel Goleman viese series coreanas  afirmaría que los K-DRAMAS son un vehículo perfecto para trabajar las CUATRO DIMENSIONES DE LA INTELIGENCIA EMOCIONAL.   Como no me atrevo a tanto, os recomendaré algunos K-dramas que he visto que pueden ser ilustrativos de estas dimensiones;

1. Autoconciencia emocional

“Es nuestra capacidad para entender lo que sentimos.  Nuestra brújula personal que nos conecta con nuestros valores y nos permite guiarnos  por el camino más acertado”

En esta línea me encantó «ITAEWON CLASS»,  una historia de ambición y venganza en donde aparentemente todos los personajes buscan el triunfo empresarial hasta que comprenden que su éxito depende de sus motivaciones reales y que para conseguirlo,  deberán rodearse de las personas que aman.

En un plano mucho más sentimental “SOMETHING IN THE RAIN” es una preciosa historia de empoderamiento de una mujer que gracias al amor de un hombre más joven descubre la autoestima que siempre le ha faltado.

2. Auto-motivación

“Es la habilidad por orientarnos hacia nuestras metas.  Nuestra capacidad de superar los contratiempos y focalizar todos nuestros recursos personal en un objetivo”

Esta dimensión es frecuente en los k-dramas,  tanto de temática confuciana, budista o cristiana,   pero sin esta inspiración religiosa, hay un k-drama magistral,  digno de proyectarse en escuelas de negocios,  llamado «START-UP»,   ambientada en una especie de “lanzadera empresarial”.

Mucho más romántico,  recomiendo “ROMANCE IS A BONUS BOOK” que ejemplifica esta dimensión  de automotivación a través de una mujer que se reincorpora al mundo editorial  tras un divorcio y haber sacrificado los mejores años de su carrera profesional  para criar a su hija.  Volver a empezar desde cero, tanto en el mundo laboral como personal no será tarea fácil.

3. Empatía

Es entender la realidad emocional de los demás sin necesidad de palabras. Descifrar el lenguaje no verbal, los silencios,  las miradas, los gestos, ponernos en el lugar del otro y descubrir aquello por lo que está pasando.

Para entender la empatía recomiendo  ver “CHOCOLATE”,  el k-drama al que dediqué mi primera novela,  porque es una sucesión de historias de empatía escritas y desarrolladas de forma entrelazada a la trama principal.  Este k-drama, ambientado en un hospital para enfermos terminales, está protagonizado por dos personajes destinados a encontrarse cuando han perdido las capacidades físicas para sus trabajos como cirujano y como chef  respectivamente y ambos están extenuados psicológicamente.  Con cada capítulo,  van alcanzando un mayor nivel de empatía el uno por el otro hasta que consiguen reconocerse, amarse y alcanzar algo parecido a la felicidad.

Además,  la cinematografía asiática es muy contenida.  Los directores filman primeros planos cuidando de transmitir con  detalle ese lenguaje no verbal compuesto de gestos,  miradas,  silencios… lo que permite a los occidentales,  que tendemos a verbalizar las emociones,   a entrenar nuestro cerebro para descubrir matices emocionales de una forma a la que no estamos visualmente acostumbrados. 

Otros k-dramas que trabajan maravillosamente la empatía son “NAVILLERA” con esa deliciosa historia de un anciano con demencia que desea aprender baile clásico y “CRASH LANDING ON YOU” que me parece una divertidísima forma de hacernos comprender cómo son de diferentes y en el fondo, tan parecidas ( desde una perspectiva de inteligencia emocional), las dos Coreas, tristemente separadas por cuestiones geopolíticas.

Luego hay una “empatía” con una dimensión genuinamente asiática,  que escapa a la comprensión de un occidental educado en la creencia cristiana de la vida eterna del alma y no de su reencarnación,  que es la que vemos en  los k-dramas en que los personajes viven una vida diferente ocupando el cuerpo de otra persona como en  “OH MY GHOST”,  “ABYSS” y “MYSTIC POP UP BAR”.   En algunas películas americanas y europeas hemos visto el recurso de convertir a un niño en un adulto, a un padre intercambiarse con su hijo,  a un hombre en una mujer y viceversa…  pero siempre es el mismo individuo conservando su conciencia emocional, por lo que este ejercicio de experimentar la experiencia kármica a través de la ficción televisiva me parece de lo más empático.

Finalmente,  me resulta muy interesante la confrontación entre “inteligencia emocional” versus “inteligencia artificial” como en “HOLO LOVE” que me resultó fascinante,  pues el holograma era más empático que su creador,  un arisco ingeniero informático y también “LOVE ALARM” donde una app para móviles supuestamente adivinaba la capacidad de empatía amorosa de los seres humanos. 

4. Habilidades sociales

“Es nuestra capacidad de comunicarnos de forma efectiva y asertiva, de manejar los conflictos y diferencias”

Según Goleman, las cuatro dimensiones deben darse a la vez,  esto es, no basta con ser competentes en una o algunas.  SER INTELIGENTE EMOCIONALMENTE es ser inteligentes en TODAS las áreas.  ¿Y si el cerebro tiene un daño neurológico que impide que alguna dimensión funcione? ¿Se puede alcanzar la felicidad cuando se tiene una discapacidad psíquica o trastorno de conducta en algún área o en todas ellas?

En este sentido,  el cine y las series coreanas me admiran por la sensibilidad y frecuencia con que abordan el problema de la discapacidad psíquica dentro de un formato entretenido y de cotidianidad como los k-dramas.

En muchas series,   novelando y dulcificando algunos aspectos,  se trata el síndrome de asperger y en general,  los trastornos del espectro autista, como en “MUDANZA AL CIELO” y con mayor crudeza en “ESTÁ BIEN NO ESTAR BIEN”.

El mejor k-drama que he visto sobre salud mental  es “ESTÁ BIEN, ESO ES AMOR” que afronta el amor entre una psiquiatra traumatizada que no cree en las relaciones  y un “play-boy” que se convertirá, primero en su sanador para descubrir,  después,  dramáticamente,  que padece una grave esquizofrenia.

Hay muchos k-dramas y muchas formas de interpretarlos y disfrutarlos. Sólo espero que os haya resultado interesante identificar estas dimensiones y que a través de estas series coreanas,  que pueden parecernos alejadas culturalmente por el idioma y la sociedad en que se desarrollan, descubramos la proximidad emocional de los seres humanos y que las manifestaciones emocionales cuanto más alejadas pueden ser sorprendentemente las más cercanas y una ayuda muy valiosa para expandir los límites de nuestra inteligencia emocional,  expresar mejor nuestros sentimientos,  controlar nuestro comportamiento,  ser más asertivos,  mejorar nuestras habilidades sociales,  auto motivarnos y en definitiva,  ser más felices y tener más éxito en la vida. 

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