La mejor definición del verbo «amar»

Recuerdo una viñeta del fantástico dibujante argentino QUINO, el creador de la inconformista MAFALDA, en el que la niña, muy emocionada tras aprender sus primeras palabras en la escuela, se lanzaba entusiasmada a leer el periódico de su padre para dejarlo, frustrada, pocos minutos después, porque nada de lo que había aprendido en su «cartilla de lectura» aparecía en las noticias. Su comentario era algo así: – ¡Parece ser que ni a Fidel Castro le ama su mamá ni él ama a su mamá! Y es que lo primero que aprendemos a expresar en nuestra lengua materna es el sentimiento del AMOR, repitiendo frases sencillas, con fonemas que tenemos muy interiorizados y que expresan todo nuestro mundo: «MI MAMA ME AMA y YO AMO A MI MAMA»

Con el tiempo, la vida se nos va complicando y descubrimos que esa clase de AMOR tan natural e incondicional, no es el único que existe y que, las palabras que expresan esos otros AMORES, en especial el AMOR ROMANTICO, cambian en cada idioma.

A veces, cambian muy poco; AMORE, AMOUR, AMOR. Otras las aprendemos por afinidad cultural; LOVE, LIEBE, y conforme nos alejamos de nuestra zona de confort cultural, estas palabras empiezan a ser muy «raras», como «SARANG», en coreano romanizado.

Aunque si te gusta el K-pop o los K-DRAMAS, será de las primeras palabras que reconozcas y te guste escuchar.

Detrás de la palabra AMOR no hay semántica o significado que valga, lo que hay es SENTIMIENTO y si no lo hay, es que no hay amor. Eso es un hecho que la ficción enseña y que la globalización confirma ( estudios antropológicos y sociológicos aparte…).

Sin embargo, el VERBO AMAR, en cada idioma tiene matices de uso que me llaman la atención.

Por lo pronto, he visto a profesores de español hacer una diferencia semántica entre los verbos QUERER, AMAR Y GUSTAR. ¿Existe realmente una diferencia semántica? Si alguien puede diseccionar donde, cuándo y cómo una persona que te gusta deja de gustarte para pasar a importarte a querer su bienestar y felicidad y luego, dejas de quererla porque en realidad la amas, que me lo explique por favor. Sobre esto se han escrito verdaderos tratados de psicología y lingüística muy interesantes, aunque irrelevantes para el lenguaje narrativo de un romance.

Como escritora aficionada a la novela romántica y como espectadora de series y películas , tengo claro que, cuando unos adolescentes se enamoran por primera vez y se declaran un «ME GUSTAS» están sintiendo exactamente lo mismo que una pareja absolutamente comprometida que «SE AMA». De hecho, a los españoles nos cuesta un mundo decir TE AMO, incluso decir TE QUIERO, mientras que los anglosajones dicen «I LOVE YOU» de una forma mucho más cotidiana tanto para expresar amor romántico como amor afectivo o fraternal. ¿Queremos menos o peor porque nuestra semántica nos hace más reservados? Por supuesto que no.

Así que, asumiendo que QUERER, AMAR Y GUSTAR son sinónimos para diferentes intensidades, contextos y personajes, lo que más me interesa es el hecho de que AMAR es un verbo TRANSITIVO, esto es, AMAS A ALGUIEN o AMAS ALGO.

Puede parecer un verbo de estado, o sea, un verbo que contiene un estado de ánimo y que AMAR se parece más a los verbos SER, ESTAR Y PARECER que a otros verbos transitivos que necesitan ALGO para completarse como comprar, dar o regalar. Sin embargo, AMAR es DAR AMOR. En este punto, el coreano, SARANGHE o SARANGHANDA es más descriptivo. Es un verbo de acción, no transitivo ni de estado, es un verbo que literalmente se traduce por «hacer amor», no «hacer el amor» , sino activar la emoción que encierra la palabra.

Una vez leí en internet sobre una enorme trifulca entre un movimiento pro «singles» contra la R.A.E porque el Diccionario explica que AMAR A ALGUIEN NOS COMPLETA. Según esta corriente que defiende «vivir sin pareja» (me parece una opción a respetar que conste), la definición de la RAE es ofensiva para los que deciden vivir sin amor, porque las personas somos seres completos sin necesidad de amar a nadie.

Lo cierto es que si bien para AMAR es necesario sentir amor (parece una obviedad), lo que es realmente imprescindible no es sentir amor sino TRANSMITIR AMOR. Esa es su esencia semántica y gramatical en todos los idiomas. AMAR ES UN VERBO TRANSITIVO, esto es, un verbo que necesita un objeto directo que – como explicaba mi profesora de gramática en el colegio – se reconoce porque QUEDA MODIFICADO POR LA ACCION DEL VERBO.

El truco para reconocer un objeto directo en español es volver la frase a pasiva: «Yo amo a X , luego, X es amado por mí, luego X es el objeto de mi amor»

Así, tú puedes decir YO AMO pero si ese AMOR no tiene un destinatario que queda modificado por recibir ese amor que le transmites, el verbo está incompleto, la acción está incompleta, y en consecuencia la persona no ama perfectamente, no ama y punto.

En un mundo complejo, hedonista y auto centrado en la individualidad, en el que se nos enseña a AMAR de forma REFLEXIVA, esto es, a decir, YO ME AMO antes de a conjugar YO TE AMO, se ha decidido hacer un uso gramatical perverso de un verbo que es pura gratuidad y donación; un verbo en esencia generoso, un verbo que existe no sólo para expresar, sino para AFECTAR a los demás, que al recibir nuestro amor, quedan modificados por nuestra acción de amar.

Cuando yo estoy amando, no guardando mi amor en un cajón, el otro, el beneficiario o destinatario de mi amor, queda irremediablemente afectado por mi amor ¿hasta qué punto que yo ame a otra persona le afecta realmente si reprimo confesarle mi amor? ¿el amor transmite amor aunque no sea correspondido, aunque sea secreto, platónico, a distancia…? En esa tensión entre lo que yo siento, lo que expreso, lo que digo, lo que reprimo y cómo le afecta al sujeto de mi amor está sin duda la clave de un buen drama o una novela romántica. En este dar transitivo con silencio, sacrificio, constancia y gratuidad, los personajes de los k-dramas y de las novelas se ganan nuestra complicidad porque… en el fondo, a todos nos ha pasado que hemos experimentado el AMOR de esta manera aunque el discurso actual y post-moderno sea «quiérete tú antes que a nadie» como si quererte a tí mismo fuera algo opuesto o contrario a «querer a alquien con toda tu alma».

Desde mi punto de vista, amar y amarse, no son opuestos, son prioridades; amar al otro más que a tí, no es dejar de amarte, es amar más a otro, como cantaba Concha Piquer en una de las coplas españolas más desgarradoras;

«….Te quiero más que a mi vida
Te quiero más que a mis ojos
Más que el aire que respiro
Y más que a la madre mía

Que se me pare mi pulso
Si te dejo de querer
Que las campanas no doblen
Si te engaño alguna vez

Eres mi vida y mi muerte
Te lo juro, compañero
No debía de quererte
No debía de quererte
Y sin embargo te quiero»

En conclusión, AMAR y AMOR tienen que ver con una OPCION DE VIDA.

Recuerdo que en una ocasión, enseñando inglés a un alumno con una severa discapacidad intelectual le dije que tenía que aprenderse el verbo TO BE en inglés (SER o ESTAR) y para mi sorpresa, me dijo que lo recordaba bien porque empezaba como el verbo AMAR en español. Pensé que se estaba equivocando, porque TO BE y TO LOVE no tienen nada que ver, pero me dijo muy serio ¡Sí es igual profe, porque no se puede SER sin AMAR! Salió a la pizarra y escribió: I am, you are , ¿ves? AM y ARE , lo juntas y sale AMARE

Creo que es la mejor definición de AMOR que he escuchado nunca.





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